entonces,
pasó algo muy, muy extraño...
el gigante de un día para otro comenzó a empequeñecerse... sí, increiblemente... primero se redujeron sus manos y pies, el pobre se golpeó muy fuerte un par de veces, fue entonces que comenzó a sospechar que algo pasaba... luego se achicaron sus orejas y dejó de oir la voz de Antonina en las mañanas... con esa audición dejó de entender algunas cosas y su cerebro se redujo aún más en su cabeza (gigante hidrocefálico jijij) dejó de responder a los estímulos, y de a poco su voz comenzó a hacerse cada vez más grave, más profunda... su cuerpo finalmente comenzó a descender desde la cumbre en la que estaba hacia la tierra que se impregnaba en sus ojos y le nublaba la vista...
El gigante dejó de existir...
Antonina lo aniquilo y Teresa disfrutó cada momento...
El ex-gigante, entonces indefenso, pasó a formar parte del paisaje, y ella descubrió que esta experiencia le ayudaría a retomar aquella cruzada iniciada un tiempo antes, olvidada por los engaños de su corazón aún inexperto en las lides, en la lucha... ignorante de dolor, enfermo de represión, perdido, vacío...
-ESO QUE QUIERES, TERESA, NUNCA LO VAS A OBTENER.-
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