frío en las mejillas, pasos rápidos, trajes negros, azules y grises... mientras camina, se empina la botella y el liquido extrañamente azul aliviana por segundos los abrasadores recuerdos de la noche anterior acumulados en su garganta, intenta resolver en qué momento se salió del indolente personaje de ficción que construyó con tanto esfuerzo, que amanece cada día en la ciudad, destruye zapatos en los adoquines, y circula entre los otros sin dejarse ver... no hay conclusión y es tarde, cuando chequea la hora por última vez, se detiene en el movimiento imperfecto de la aguja que como por defecto y por obligación marca el absurdo continuar... volviste... te esperaba... iluminados espasmos, movimientos circulares, una mano en la espalda, ojos café, cadencias, humo, cebada... lápiz en mano frente a la hoja en blanco, palpitaciones en el lóbulo frontal, arena en los párpados, y las pupilas dilatadas de imágenes difusas articulando un espasmo iluminado de movimientos circulares, cadencias, manos... ojos café... demoraste, creí que me habías abandonado... es tarde y hoy me inunda la melancolía... la habitación está casi vacía, en silencio, los papeles en blanco, la botella de agua azul, el libro de cubiertas negras, el hombro pálido, desnudo y la incomprensible indiferencia... tu rostro a contraluz me entristece... la certeza de que nunca me verás, de que jamás nos vamos a encontrar... un empujón involuntario le invita a seguir y el bocinazo de la micro, la realidad... busca un camino alternativo y llega... alza los ojos unos segundos dubitativa, y entonces, como todos los días, voluntariamente avanza y al traspasar el umbral, el personaje resuelve que tiene que cambiar ese reloj, que lo anterior fue sólo un paréntesis, que tiene mil cosas que hacer, que se tiene que olvidar... me dejas otra vez... y ya no sé si cuando vuelvas... si es que alguna vez vienes... nos volveremos a encontrar...
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